viernes, 4 de julio de 2014

GENERACIÓN DESCARTABLE - (Segunda Parte)






Capítulo 3
“FAROLITO”



"los comensales persisten ataviados por el prestigio de no estar" - Olga Orozco.


Quedé en encontrar al Peli Luis Alberto en Kalendar donde solíamos ir para visitar a Krishna el mendocino y a los Romero. La sede del sufismo en Buenos Aires había evolucionado mucho en
los últimos tiempos: en la planta baja el local estaba repleto de la mercadería artesanal mas sofisticada de Oriente: metales, cerámicas, tejidos, ropa exótica; y en los pisos superiores, talleres, estudios y vivienda funcionaban a la perfección, cada vez con mayor afluencia de gente en los cursos y prácticas. Me gustaba verlos trabajar en los talleres. Nos sentábamos junto a Krishna en el
taller de costura mientras él cortaba y cosía a máquina y conversábamos toda la tarde.
Nos encontrábamos con algunos conocidos que iban a las clases de movimientos o a las horas de meditación.
Pero yo, por mi parte, no sentía interés concreto en conocer de qué se trataba toda esa enseñanza. Enseguida leí un texto de sufismo que me deslumbró: “Los Maestros de Gurdjieff” de Lefort, pero no se me ocurría entrar a trabajar en el grupo, puesto que nunca realicé prácticas concretas. Pero lo poco que había alcanzado a leer acerca del sufismo me parecía apasionante aunque no entendiese
bien de que se trataba concretamente. Krishna me había dado a leer los “Textos Sufies” de Idries Shah y hasta Psicologia de la Posible Evolución del Hombre de Ouspensky, y esos textos me habían impactado fuertemente, pero nunca recibí una propuesta concreta de integrarme al grupo de trabajo.
Así que con el Peli pasábamos
por Kalendar a ver a nuestros amigos sin involucrarnos demasiado en sus actividades esotéricas.
 Salimos a la calle ya de noche y caminé junto al Peli sin que
tuviésemos un lugar preciso adonde ir. Me gustaba caminar con él porque casi siempre iba cantando. Y esa vez iba cantando un tema del flaco que yo conocía bien:

 “Gabinetes Espaciales donde la gente va
Los que llegan de la Tierra esos son los más
Algunos saben por qué lloran
Algunos quieren ver la aurora…”




En algunas calles la resonancia de la voz del Peli era magnífica, entonces nos parábamos en un pasillo desierto o en el hall de algún edificio a probar las diferentes sonoridades de la voz. A veces encontrábamos extrañas resonancias como de efectos especiales…Pero en la city no se podía estacionar mucho en ningún lugar ya que el centro era peligroso para los desprevenidos, por la cana. Y también era genial ir caminando por la vereda estrecha en una calle a contramano del tránsito, con las luces de los autos dándonos en los ojos porque ese efecto nos daba la sensación de estar protagonizando una vertiginosa filmación callejera con un despliegue de luces inusitado. Pero lo más importante era andar cantando o cantar andando. No sé bien por qué, pero nos llenaba de alegría ir pateando el rockanroll por las calles del centro. El Peli entonaba perfecto y además se sabía todos los temas de onda. En algunas frases yo me atrevía a unir mi voz al canto y los resultados no estaban nada mal. Pero aunque sabíamos andar mucho junto y nuestra comunicación era buena yo siempre podía ver su ser solitario, sus hábitos vagabundos entrenado en el arduo aprendizaje de la calle, con su insólita costumbre de hablar solo, pedir dinero o dormir en una plaza.
Y sin duda el Peli había pasado numerosas veces por esas experiencias, pero lo más divertido era que al mismo tiempo había otra faceta de su personalidad que bien se podía calificar de principesca. Desde ya era evidente su aspecto pulcro y refinado de dandy-clochard, levemente abstraído. Muy blanco y rubión, de ojos celestes muy claros y modales exquisitos, no daba la impresión de ser un vagabundo aunque frecuentemente durmiese en los bancos de las plazas o en las escaleras de los edificios de departamentos. Pero esos eran apenas sus períodos indefinidos entre otras historias porque por lo general vivía en lujosas residencias con personas de alto nivel social. Pero no era que se ocupase de “vivir” a la gente, eso no le interesaba en lo mas mínimo. Creo que era simplemente que la gente lo amaba instantáneamente y quería ayudarlo y protegerlo. Él establecía relaciones muy profundas y sinceras con las personas con las que convivía y no solo recíbía ayuda sino que también sabía dar algo siempre a cambio: amor, afecto, comprensión, colaboración, imaginación… Y si bien es cierto que en esas relaciones muchas veces se involucraba sentimentalmente, nunca engañaba a las personas y sabía conservar su independencia.
Al doblar una esquina recordó que podíamos ir a un boliche a ver cantar a Gugú. Era ahí no más, a pocas cuadras de Callao en un bar muy pituco que acababan de inaugurar. Por supuesto que el Gallo era amigo de los dueños y lo había invitado, así que no tendríamos que pagar entrada.
Nos sentamos en la mesa de sus amigos y él me presentó:
-        Este es el Gallo, ya sabés, el dueño del BarBarO… y ella es Gugú, su mujer.
Ël debía andar por los cincuenta, con cabellos plateados y perfíl de pájaro; mientras ella era una especie de Juliette Greco aún más divina  que me dejó fascinado. Eran muy amables y adoraban al Peli que en ese tiempo estaba viviendo en casa de ellos. En algún momento ella se levantó naturalmente de la mesa, tomó una guitarra, se encaramó a una banqueta y comenzó a cantar. Tenía una voz muy cálida y su repertorio incluía canciones de protesta, de humor y… de amor. Cantó temas de compositores de vanguardia del Di Tella como Jorge de La Vega y Pony Micharvegas. Con sobriedad y agudeza cantó un tema inolvidable:

“Todo pasa, todo pasa,
Todo pasa, menos el amor.”




El tema hacía un análisis de las diferentes formas de amar en cada década del siglo XX. Y cuando terminó la actuación nos fuimos a su casa.
 Era un amplísimo departamento decorado con mucha originalidad. Allí se unían los elementos antiguos con los más modernos. Pinturas y esculturas de vanguardia con ambientes hipersofisticados y pesados muebles antiguos. En el living había un bar con una vieja caja registradora, alfombras espesas y sillones muy confortables, y toda una pared estaba ocupada por un formidable retrato del Gallo y Gugú realizado por un conocido artista pop. Luis Alberto me llevó hasta un salón. Allí el piso estaba por abajo del nivel y era como una inmensa piscina toda forrada de piel blanca con almohadones coloridos distribuidos por todas partes. Las luces producían alucinantes efectos óptical y el equipo de sonido era fabuloso, escuchábamos a los Who como en vivo.
- Cuando Tango vino aquí, -me dijo el Peli –se puso a gritar y a saltar y a rodar por todas partes. Se volvió loco de alegría y no podía parar.
Gugú enseguida se fue a dormir, pero con el Gallo y el Peli nos fuimos al estudio a quemar un poco de hierba… Me senté frente al tablero de dibujo y el Gallo me dio papeles lindísimos y fibras de colores. Nos pusimos a conversar mientras fumábamos y al rato él se fue a dormir. Con Luis seguimos dibujando y después él también se retiró vencido por el sueño. Seguí dibujando encantado con el papel tan fino y los colores y en algún momento apareció el Gallo, desnudo, salido de su cama para recordarme que ahí en la cajita china estaba el grass y que podía armarme todo lo que quisiese. Así que pasé aquella encantadora noche dibujando y oyendo música y de vez en cuando armando un join para seguir dibujando la noche...
Y nos fuimos a media mañana luego de un desayuno con una amable conversación donde Gugú dijo tal vez sin motivo aparente:
- Un día montó a caballo y viajó lejos conociendo a gente maravillosas y viviendo aventuras extraordinarias...

Anduvimos dando vueltas por la city y parándonos a tomar sol en cada plaza hasta que al anochecer el Peli me dijo:
- Ahora quiero que conozcas al hijo del Gallo, a Hugo, Farolito. Vamos para su departamento. Vas a ver lo que es, te va a encantar…

Si, el departamento de Hugo en la calle Laprida…
 (Pienso que aquí el relato tendría que convertirse en un texto teatral, porque siempre relacioné con un juego escénico todo lo que pasaba en el departamento de Hugo). 
Caminamos hasta Pueyrredón y Las Heras y de allí unas pocas cuadras por Laprida y el Peli se detuvo en la puerta de un edificio de departamentos y llamó por el portero. Había anochecido y los altos y frondosos plátanos formaban un túnel sobre la calle empedrada. Nos atendió una voz metálica preguntando quién era.
- Soy yo, el Peli, estoy con Omar, un amigo.
Y la puerta se abrió. Subimos al tercer piso sin ascensor y la puerta del departamento se abrió inmediatamente. Hugo era muy flaco y blanco, de aspecto nervioso y ojos orientales detrás de sus gruesos anteojos y unos pelos afro amarillos quemados muy eléctricos que parecían un farol encendido sobre su cabeza. Vestía unos jeans alicaídos, descalzo y el torso desnudo… y desde un primer momento no quiso verme, ni me miró, solo tenía ojos para el Peli mientras le decía:
-¡Qué bien que viniste, tenía ganas de verte… -y se apartó para dejarnos pasar. –Hola –me dijo distraídamente sin presentación. Y adentro en su equipo de música sonaban los “Sueños Dorados” del Abby Road de los Beatles recién editado.



 Era un departamento chico en donde el lugar principal sería siempre ese living rectangular con su ventana al fondo y sus puertas, a la cocina, al baño y a la habitación contigua. En la sala había una cama chica que se hacía sofá, el tablero de dibujo con su alta banqueta, el equipo de música, un par de esteras en el suelo con algunos almohadones, libros por todas partes… y el maldito teléfono.
El tablero de dibujo estaba fuertemente iluminado por una lámpara de brazo móvil direccional y era evidente que hasta ese momento Hugo había estado dibujando. Ocupó su lugar en el alto taburete y el Peli y yo nos acomodamos en los almohadones sobre las esteras del piso. Hugo no me miraba ni me dirigía la palabra en ningún momento, en cambio mantenía una comunicación muy amable y agradable con el Peli. Sin dura estaría contrariado porque el Peli había llegado acompañado, pero no era mayor problema porque podía hacer como si yo no existiera para él. Es cierto que en gran parte estaba también mi actitud paranoíca y catatónica de aquellos tiempos, porque el caso es que yo tampoco trataba de intervenir en la conversación. Ellos hablaron de diversos temas hasta que la charla se centro en su padre, el Gallo y su relación con Hugo. Tenía una actitud muy crítica y divertida con respecto a su padre, aunque no exenta de cariño, pero daba la impresión de ser más una relación entre camaradas y amigos que entre padre e hijo.
Fumamos un poco mientras el Abby Road giraba indefinidamente en el equipo. Varias pinturas de gran tamaño colgaban de las paredes, y el motivo era muy similar en todas: la sombra de un cuerpo con sombrero en tonos negro oscuro atravesado por líneas ondulantes de colores luminosos. Era como si en un mundo de sombras lo único vivo y luminoso fueran esas líneas ondulantes de los sentidos, porque en el contexto oscuro del cuadro aparecía en uno como un rayo verde, en otro como un resplandor violeta y en otro como un relámpago amarillo. Casi todos los cuerpos tenían sombrero como una prolongación natural de la cabeza, pero no había ninguna diferenciación, no había ojos, ni bocas, ni orejas, eran sombras idénticas, solo sombras humanas, solo cabezas borrosas y esas líneas luminosas, casi sonoras, como prefiguración de lo visual.
Mientras tanto Hugo se había puesto a dibujar y yo lo observaba. Bajo el poderoso haz de luz de la lámpara me llamaba la atención su pelo amarillo electrificado que flotaba sobre su cabeza como una nube de oro iridiscente. Su movimiento nervioso de acomodarse los anteojos sobre la nariz a cada momento imprimía a su rostro un gesto de analítica crueldad. Por momentos hablaba muy rápido casi sin mover los labios y en un tono muy bajo, lo que exigía prestar una mayor atención a sus palabras.
El Peli fue hasta la cocina a preparar unos tes. Era tarde… nos podíamos quedar a dormir ahí ¿verdad? Hacía calor y el Peli preguntó si no había problema en desnudarse. Claro que no. Sabía que podía hacer todo lo que quisiese en su casa. Por lo que el Peli se quitó la ropa y tomó el té desnudo.
- Soy nudista –decía el peli como subrayando su acción inspirada tal vez en los multitudinarios desnudos de los hippies en el festival de la Isla de White.
 Al rato Hugo dejó de dibujar avisando que se iría a dormir a la otra habitación. El Peli puso un pañuelo sobre la lámpara y la luz se atenuó con un suave tono azulado. Se tendió sobre la estera con algunos almohadones. Si yo quería podía dormir en el diván, pero yo me puse a mirar un catálogo de pintura y al amanecer me dormí sobre la estera junto al Peli.
Y me instalé, me quedé a vivir ahí, a mi manera, es decir no en forma permanente pero sí durante largas temporadas.
El departamento de Farolito era el lugar más insólito que se pueda imaginar, tal es así que extrañamente los muebles y los objetos cambiaban todos los días de lugar y nada permanecía nunca en el mismo sitio. La cama ocupaba cada día una orientación diferente, lo mismo que el tablero de dibujo, las esteras y los cuadros. La distribución de los cuadros era lo que mas variaba, porque siempre aparecían bastidores nuevos con nuevas pinturas que como una exposición interminable cubrían las paredes de las habitaciones. Y siempre se buscaban nuevos efectos en la decoración del ambiente, y hasta una vez, el diván dejó de recorrer las innumerables posiciones junto a las paredes y fue ubicado exactamente en el medio de la habitación. También los diferentes efectos de luz daban un aspecto cambiante al ambiente y uno tenía siempre la impresión de estar cada día en una casa distinta.
Además el departamento de Farolito era el lugar de encuentro y reunión de sus numerosos amigos. Hugo vivía rodeado de amigos. Siempre había con él un grupo de personas, siempre alguien estaba por llegar, a cada momento alguien se iba. Era un lugar muy transitado, parecía un aeropuerto y en los diferentes ambientes se establecía un complejo tránsito. Siempre había dos o tres amigos charlando y tomando mate en la cocina. Otro grupo dibujando y escuchando música en la sala. Otros leyendo o durmiendo en la otra habitación. Y el simpático desfile no paraba nunca ni de día ni de noche. A cualquier hora sonaba el maldito teléfono para avisar que alguien vendría… y siempre había alguien que traía grass. Pero en cambio nunca se cocinaba  en el departamento, porque Hugo salía a comer a la casa de su madre y salvo el té o los mates o unos vasos para cerveza o gaseosa, no había otros elementos de cocina en la casa. Se decía que era preferible, porque los lugares donde se preparan comidas se tornan insoportables de sucios, en cambio ese lugar era limpio y despojado de elementos innecesarios, era mas un atelier que una vivienda. Lo único importante eran los efectos visuales de la cambiante decoración, la música todo el tiempo, la luz, las pinturas, los libros, las apasionantes conversaciones, las continuas visitas de los amigos…
Cuando desperté aquella primera mañana oí un rasguido de guitarra. Me asomé a la habitación contigua y los vi sentados frente a frente junto a la ventana ensayando unos temas en la viola: Hugo… y Miguel.
Miguel le pasaba unos tonos de un tema de Pappo:

“Luz que alumbra mis sentidos
Nunca imagine
Que no me podrían alcanzar…”





Hugo practicaba la posición de los dedos sobre el diapasón y entonaba. Tenía una hermosa guitarra con cuerdas de acero. Me pareció extraño verlos juntos. Ignoraba que fuesen amigos y ahí estaban frente a frente, blanco y negro… Sentí que fluía entre ellos una fuerte corriente inteligente. Se comunicaban con un lenguaje super acelerado y se reían juntos bajo el sol de la mañana que entraba por la ventana. Sus movimientos eran ágiles y nerviosos. Estaban vestidos con ropas muy coloridas y Hugo se había ajustado una faja indígena tejida color violeta alrededor de la cabeza. Mientras hacían música y conversaban tomaban mate. El Peli se paseaba desnudo pero calzado en sus botitas beat de altos tacos tejanos, abstraído de su hermoso cuerpo blanco donde su sexo parecía un delicado pimpollo rosado. Ahí estaban ya despiertos mis amigos, y yo también estaba ahí, aunque Hugo no me viese. No me hablaba, y yo tampoco le hablaba y trataba de pasar desapercibido. Miraba a la gente, escuchaba sus conversaciones pero casi nunca hablaba ya que sabía por experiencia propia que a hablar y a rascar todo es empezar, que luego no sabría parar y que al final hablar era hablar para no decir nada. Si tomaba algún estimulante me ponía a dibujar, o a escribir, o a leer.
Dibujaba mucho. En la casa siempre había un grupo de personas dibujando. En el tablero bajo la fuerte luz de la lámpara, o por los rincones, y hasta en el suelo. Hugo también hacía interminables dibujos a la tinta sobre inmensos cartones. Entonces dibujaba durante toda la noche. Una noche que por casualidad no había venido nadie a visitarnos y la casa estaba extrañamente tranquila y silenciosa, me senté junto a él frente a la mesa de dibujo y me puse yo también a dibujar con unas fibras sobre mis papeles. Noté que Hugo dibujaba febrilmente. Era esa hora alta de la noche que se alarga antes del amanecer y que da la sensación de ser interminable. El dibujo de Hugo era laberíntico, con fuerte influencia del cómic dibujaba miles de personajes y situaciones. Su mano segura con la rapidograf de punta gruesa se movía velozmente de un lado a otro de la superficie del cartón. Yo por mi parte dibujaba sobre papel transparente con fibra negra. Yo veía su dibujo como sin duda él veía lo que yo dibujaba. No hablábamos, pero yo intentaba decirle que estaba junto a él, que aunque él no me viese yo igual estaba ahí con él en medio de la noche. El parecía percibir mi pensamiento sigilosamente y cuando el amanecer comenzó a clarear en la ventana soltó la lapicera, se sacó los anteojos y frotándose los ojos con los dedos dijo:
- Estoy cansado, mis ojos ya no dan más. Me voy a dormir.
A mi me parecía que a veces él se refería a mi de manera encubierta. Si durante una conversación con el Peli, por ejemplo, hablando de álguien, Hugo preguntaba:
- ¿Quién es?... –yo suponía que estaba inquiriendo para saber quién era yo realmente. Yo pensaba que Hugo se preguntaría qué estaba haciendo yo ahí y lo peor es que yo no hubiese sabido responder a esa pregunta. Como él nunca se refería a mi yo creía que lo hacía siempre y en forma indirecta. Hasta que poco a poco me fui dando cuenta de que tal vez hablaba solo de mi, y que siempre, en cualquier caso hacía alusión a mi, se refería solo a mi.
Yo tenía la sensación de que él leía en mi mente y en mis pensamientos. Sabía y enunciaba en sus conversaciones todo lo que yo hacía, pensaba y deseaba como si hablase de otro. Pero por lo demás nunca me hablaba, en cambio para mi yo era el todo al que tácitamente se aludía.
 Empecé a conocer a sus amigos más íntimos. Los que más tiempo lo acompañaban eran el Zombi y Noemí. El Zombi era un muchacho de aspecto lánguido de largos pelos lacios y mirada divagante que hablaba en un tono arrastrado como entre dormido; y su novia Noemí era como un patito feo a punto de transformarse en cisne, con una intensa afectividad a flor de piel, muy pálida, con ojos saltones y pelos alborotados. Estaban siempre juntos y ella era muy graciosa para contar largas historias interminables,             y era observadora muy aguda con un fuerte sentido crítico. Solían llegar y se encerraban en la cocina y entonces no se podía entrar ahí. A veces discutían y se peleaban y siempre estaban viviendo una historieta de peleas y reconciliaciones.
También venía muy seguido el primo de Hugo, un muchacho de veinte años que hacía la colimba y estaba pelado pero que aprovechaba cada salida para ir a lo de Hugo a drogarse un poco, poner música de The Doors en el tocadiscos todo el tiempo y enfurecerse contra el maldito sistema y el servicio militar.
También estaba el otro primo que era un tipo muy creativo que hacía trabajos de diagramación para tapas de libros con ilustraciones. Tenía un taller de imprenta y además era actor. Siempre estaba muy atareado y pasaba por el departamento como una luz varias veces al día. Y a veces venía también  por un par de horas el mismo Gallo a ver a su hijo y tal vez a constatar que todo andaba bien en la casa. Se sentaba junto a Hugo a charlar tomando mate, se fumaban unos porritos y después se iba. Y nos daba mucha tranquilidad y confianza sus periódicas visitas.
Además, poco a poco empezaron a llegar al departamento de Hugo ¡todos mis amigos!: Gato, Tango, Renée, la Pola… y todo el mundo se instalaba, ya éramos un campamento.
Tango llegó como siempre pidiendo plata para pagar un taxi que había dejado esperando abajo y se instaló como para siempre. Desde entonces la habitación de Hugo pasó a ser la pieza de Tango y el panorama cambió mucho, porque la habitación ya no conservaba el orden aséptico de Hugo porque ahora el colchón estaba en el suelo y había un revoltijo de ropa por todas partes junto a vasos y platos con restos de comida y abundancia de revistas comics de historietas. Y al largo desfile de visitas se sumó  la de la mamá de Tango que venía a traerle la comida y a verlo un par de veces a la semana para asegurarse que estaba bien y que no había caído preso otra vez como siempre. Entonces se sentaba junto al colchón donde Tango leía una revista, desplegaba su paquetito con milanesas y huevos duros y frutas, cebaba unos mates con el agua del termo, charlaba un rato con su hijo y después se iba. Y si ella no podía venir era la hermana de Tango la que le traía la vianda.
Gracielita también venía con frecuencia. Una tarde que estábamos con Hugo y el Peli, llegó, se puso en tetas con un chaleco afgano precioso, se tendió en el diván y nos contó que estaba trabajando con el Grupo Lobo en “Tiempo de Fregar”. Nos decía que la obra era muy loca y que hacía una crítica sumamente cruel de las costumbres de la clase media.
 El Grupo ensayaba en una casona de la avenida Pueyrredón donde vivían todos juntos. Me llevó a conocerlos. En un gran salón vacío con lustroso piso de madera los actores enfundados en sus mallas de baile hacían un ejercicio de improvisación. Flaco, alto y muy versátil Traffic se arrastraba por el suelo recorriendo todas las posibilidades del espacio en medio de un largo mónologo improvisado. Su cuerpo adquiría las formas más insólitas y su voz buscaba los tonos más originales. En ese ensayo estaban Robertino y Kris y cuando terminaron de ensayar nos fuimos a una habitación del fondo y Traffic se puso a armar unos joins y las chicas le pidieron que imitase el estilo exquisito y afectado de Norberto, que no estaba en ese momento. Fumamos esa hierba y enseguida las imitaciones de Traffic fueron graciosísimas.
Yo estaba sentado sobre un colchón en el suelo con Gracielita y Kris. Ellas decían que tenían hambre, que les había “pegado de hambre” y Kris en quien yo había descubierto los ojos verdes más preciosos que se pudiesen imaginar, buscó entre sus cosas hasta dar con un paquete de galletitas y una latita de paté de foie. Abrió el paquete de galletitas, pero no había abridor para la lata, ni llave ni abrelatas. Era todo un dilema. ¿Qué se podía hacer?... entonces Kris decidió que había una sola forma. Con un cuchillo de punta perforó la lata y después manipuló cortando hasta abrirla. El proceso fue complicado y todos seguíamos las alternativas de sus movimientos entre divertidos y expectantes hasta que finalmente lo logró, abrió la lata y dijo:
- ¡Listo, ya te abrí ¿viste?
… y en ese momento me dí cuenta que ella era sensacional, porque comprendí que me había abierto a mí, que desde ese momento nos conocíamos y que ella acababa de entrar en mi vida. Era pequeña y bien proporcionada, frágil pero fuerte, y bella como una muñeca de cajita de música. Pelos finos y lacios, casi sin tetas como un adolescente andrógino y un lenguaje directo de originalidad inagotable. Y como mis grandes amigos, conversadora interminable: Kris…

Yo acostumbraba tomar cualquier pastilla estimulante. Una tarde en el departamento de Hugo alguien apareció con unas pastillas nuevas envasadas en una larga tira de celofán; sobre el envase de cada pastillita se leía la palabra “Pervitín” en letras verdes transparentes. Tomamos unas cuantas y fue la primera vez que hablé con Hugo. Estábamos tirados en el piso dibujando y no se cómo hice para romper el bloquéo que nos mantenía incomunicados, pero lo nombré, lo llamé por primera vez y por su apodo: Farolito, y cuando me miró con sus inquietantes ojos orientales desde detrás del grueso aumento de sus lentes, le dije como si fuera para mí una necesidad imperiosa:
-…¿puedo tocarte el pelo?...
Entonces me miró sonriendo y dijo:
- Claro, tocalo si tenés ganas.
Y yo mismo presencié asombrado como mis manos liberadas de mi autocontrol se acercaban lentamente a su cabeza hasta tocar sus extraordinarios pelos. Y oí asombrado mi propia voz que ya no parecía mi voz cotidiana, porque ahora era una voz más profunda y mas significativa que decía con la mayor espontaneidad:
- …¡cómo me gusta tu pelo!... –desde que lo había visto por primera vez cuando me habían parecido los pelos de un ángel, muy diferentes a los “cabellos de ángel” de las sopas, porque estos eran los pelos de un ángel loco muy osado que había metido los dedos en el enchufe de la gran energía universal… y mientras decía todas esas pavadas que Hugo escuchaba con un gesto entre divertido y burlón, mis manos y mis dedos temblorosos recorrían la aureola áurea de su pelo.
- ¡Es sensacional… –le dije -…como un hongo atómico!...










La Cote dÁzur – Saint Tropez – La Nuit – 2 de Julio de 1970.-

Querido Omar:
                         ¿Cuándo vas a venir?... ¿Eh? Vos naciste para la libertad y para contemplar paisajes demasiado hermosos. Creo que aquí encontrarías los decorados convenientes y relaciones maravillosas.
                       ¡Deja que el mundo pueda amarte como te mereces!
¡Ven! ¿Estás hermoso como siempre? ¿O más aún?
                        Hasta el diez estoy en Saint Tropez; y luego voy a Italia, donde puedes escribirme a Roma – Correo Central – Poste Restante. Hasta fines de Agosto. ¡Hazlo pronto! Para vivir no creo que tendrías problemas. Es fácil subsistir (además con lo poco que comemos!) Los primeros días de Setiembre vuelvo a París. No te olvides de mí, pues te quiero mucho.

Juanito


(continuará)



viernes, 25 de abril de 2014

.GENERACIÓN DESCARTABLE - (Segunda Parte)

Capítulo 2
LOS CHICOS PERDIDOS



Un jour on tuera tous les miroirs, et alors on verra. - Julio Cortazar

Pasé unos días en casa  durmiendo y alimentándome bien y una noche
vino Pipo y entonces me contó que Junco había muerto. Hacía meses que se habían separado y no sabía muy bien cómo había sido... no estaba muy claro, parece que estaba borracha, alguien le había prestado un auto, iba manejando por la ruta en Capilla del Monte y se estrelló contra un árbol... pero él ya no
estaba triste ahora, esa había sido la modalidad de ella de irse, de dejarnos,
así, violenta, impetuosamente como había vivido. ¿Había sido un accidente o una determinación? Ese misterio que nunca llegaríamos a conocer también había sido parte de su modalidad. Habiendo creado un universo misterioso se iba de acuerdo a las leyes de su propio juego. Pero para mi no se había suicidado, si lo hubiese elegido se habría desbarrancado, pero nunca impactando contra un árbol…
 Escuchamos música y cada cosa nos traía el recuerdo de Junco. Pipo me traducía la letra de “Ella se vá de casa”, el formidable tema de los Beatles. 



Oímos también el tema de los Jefferson que nos gustaba tanto: “Comin´ Back to Me”, y nos quedamos conversando hasta muy tarde. Yo le contaba de mi viaje a Brasil; él había traído sus marcadores de colores y nos
pusimos a dibujar. En un sobre de carta dibujó una mano con un ojo en la palma y un rayo cayendo. Alrededor escribió con diferentes colores “Los Chicos Perdidos” y después, en una hoja de cuaderno escribió:


“Please dont dismise my case. When that steamboat wistle blows I´m  gonna give you all I got to give, and I hope you receive it well, defending on the way you feel that you live.
Anyone can fill his life with things he can see but just can´t touch.
Please hear these words that speak dear laulord.”
Traduzco por aproximación ya
que hay palabras que no encuentro en ningún diccionario:
Por favor no ignores mi caso.
Cuando suene la sirena de este barco  voy a darte todo lo que yo puedo dar, y espero que lo recibas bien, defendiendo lo que sientas que está vivo.
 Nadie puede llenar su vida con cosas que
puede ver, pero que no puede tocar.
 Por favor oye estas palabras querido señor.”




Mas tarde conseguí que agarrase la viola y que hiciese algo de música. Improvisó un tema donde había que “girar y girar dando vueltas y vueltas en el viento”...
Y cuando dejamos de cantar en medio de la noche el profundo silencio que siguió al canto nos provocó una risa infantil incontenible. Así que tomamos los marcadores de colores y sin parar de reír dibujamos una espiral infinita, interminable sobre la pared, una espiral que iba avanzando y girando por toda la habitación, estrechándose y ensanchándose y cambiando de colores, subiendo y bajando y avanzando, siempre avanzando y desenvolviéndose a través de movimientos circulares. Pintamos la pared hasta que se gastaron todos los marcadores.
Entonces súbitamente se me ocurrió que era el momento oportuno para hacer una mancia. Tomé el libro de Borges de Los Seres Imaginarios y abriendo sus páginas al azar dejé caer mi dedo y leí donde señalaba:
 “…después irán  despertando las demás formas.”
Tuve que leer el párrafo entero para comprender el significado de la frase:
“En el tiempo del Legendario Emperador Amarillo el mundo de los espejos y el mundo de los hombres no estaban como ahora incomunicados. Eran además, muy diversos; no coincidían ni los seres ni los colores, ni las formas. Ambos reinos, el especular y el humano, vivían en paz, se entraba y se salía por los espejos. Una noche, la gente del espejo invadió la tierra. Su fuerza era grande, pero al cabo de sangrientas batallas las artes mágicas del Emperador Amarillo prevalecieron. Este rechazó a los invasores, los encarceló en los espejos y les impuso la tarea de repetir, como en una especie de sueño, todos los actos de los hombres. Los privó de su fuerza y de su figura y los redujo a meros reflejos serviles. Un día sin embargo, sacudirán ese letargo mágico. El primero en despertar será el Pez. En el fondo del espejo percibiremos una línea muy tenue y el color de esa línea será un color no parecido a ningún otro. Después irán despertando  las otras formas. Gradualmente diferirán de
nosotros, gradualmente no nos imitarán. Romperán las barreras de vidrio o de
metal y esta vez no serán vencidas. Junto a las criaturas de los espejos
combatirán las criaturas del agua.
 En el Yunnan no se habla del Pez sino del "Tigre del espejo". Otros entienden que antes de la invasión oiremos desde el fondo de los espejos el rumor de las armas.”
“Después irán despertando las demás formas.”
Nos dormimos al amanecer.
Poco después desperté a media mañana. Algo milagroso me había arrancado de lo profundo del sueño. Me incorporé sobre la cama y miré a Pipo junto a mí. Dormía profundamente boca arriba. La habitación estaba completamente en penumbras porque habíamos cerrado todas las ventanas para poder dormir, pero por alguna rendija se filtraba en la cámara oscura un fino, hermoso y polvoriento rayo de sol. Y ese rayo luminoso caía justo en la palma de la mano entreabierta de Pipo dormido. Lo contemplé admirado y tuve de pronto una fugaz inversión de sentidos: me pareció que en realidad el rayo de luz brotaba de la palma de la mano de Pipo, lograba salir por algún intersticio de la ventana cerrada y materializarse a millares de kilómetros más allá, en la esfera incandescente del sol de nuestro sistema planetario. Me sacudió una fuerte sensación de magismo revelado...revelador. Y permanecí así largo tiempo recordando la música de la noche anterior. Recordando cómo él mismo había dibujado todo eso: una mano abierta con un ojo en la palma de donde surge un rayo luminoso... Los Chicos Perdidos...Y cuando luego de un tiempo que me pareció eterno, la luz del sol bajó de su mano y empezó a desplazarse sobre las mantas, sonreí al recuperar el sentido habitual de todas las cosas y recién entonces volví a sumergirme en el sueño.
Pasamos el resto del día leyendo y charlando.
Mis viejos no hacían historia cuando venía Pipo. Les caía simpático y lo estimaban, entonces podíamos estar tranquilos. Por la noche Pipo me dijo que había un recital de Tanguito en una sala cerca de Congreso. Me vestí especialmente para la ocasión: un pantalón de corderoy grueso color marrón, una camisa amarilla con cuello Mao y mis zapatitos  estilo Muriel. Toda una ropa muy hermosa que había traído de Brasil. Los zapatos habían sido un verdadero hallazgo. Eran como esos zapatitos tan bonitos y tontos
que usan las niñas en edad escolar: negros y de punta redonda con una
presilla cruzando por encima del empeine para abrocharse en un botoncito redondo como un ojo de pájaro. Los había encontrado en una mesa de saldos, muy baratos, y no pude resistir el llevarlos conmigo. Recordaba que Muriel, la protagonista del film under del nuevo cine americano “David y Lisa” usaba unos zapatos iguales. Era la historia de una adolescente esquizofrénica en una clínica psiquiátrica que cuando transitaba la personalidad de la encantadora Muriel no podía evitar el hablar en versos rimando exquisitamente las palabras. Y justamente se enamoraba de un chico paciente también de la clínica que sufría el mismo delirio del Licenciado Vidriera: se creía de cristal y no soportaba que nadie lo tocase porque temía romperse.. En una escena magistral ella lo persigue lentamente tratando de tocarlo con la punta del dedo…
 Terminé de vestirme y me maquillé frente al espejo de mi habitación tal como me había acostumbrado  a hacerlo en Río de Janeiro… Un maquillaje
ligero: un poco de sombra sobre los párpados, labios lívidos y una fina línea
azul bajo los ojos. Me envolví en mi capa de paño azul símil Oscar Wilde y
salimos a la fresca noche otoñal… a tomar no una carroza sino un simple colectivo.
- Parecés una puta cara. –me dijo Pipo suavemente al oído, muy divertido. – ¡Todo el mundo te mira!
Y era cierto que llamaba mucho la atención, no pasaba inadvertido como cuando me paseaba por Ipanema. Me sentía otra vez perseguido y acosado. Le explicaba a Pipo que en Río yo salía a pasear así todas las noches con collares y anillos y que a nadie le llamaba mayormente la atención. Pero cuando llegamos a Congreso y nos mezclamos entre la gente del centro noté que pasaba un poco mas desapercibido, porque Buenos Aires, la Gran Aldea
ya tenía pretensiones de internacionalidad.
Entre la gente que esperaba en la puerta de la sala Pipo se encontró con Cristina su gran amor en esa época. Se estrecharon en un fuerte abrazo y Pipo le dijo:
- Mi amor, qué bueno que viniste, quiero hacerte el amor… ya me estaba por coger a Omar con lo lindo que se vino de Brasil… después del recitar nos vamos al Dixon.
Cristina me miraba divertida viendo como yo me ponía de todos colores.
El primer recital de Tanguito fue en una sala chica de Avenida Callao cerca del Congreso y estaba repleta de gente. Entre sus numerosos amigos estaba todo el mundo. Unas pocas luces de colores caían sobre el escenario y ahí en el medio estaba Tango sentado con su guitarra haciendo “Natural”.  Estaba hermosísimo
con sus botitas beat negras, pantalones jeans negros y campera negra rocker,
como siempre. Hizo todos sus temas durante un par de horas largas con una
increíble serenidad. Y en algún momento antes del final hizo mi tema preferido, “Un Día en la Vida” de los Beatles, el tema de composición casi sinfónica que tanto había impactado a los roqueros de Buenos Aires. Y lo hizo en castellano, en una traducción propia que resultó perfecta.




Después del recital nos fuimos todos caminando a bailar a un boliche de Avenida Rivadavia. El flaco Spineta estaba entre la gente junto a Tanguito. En algún momento vi que Rennée hablaba con el flaco y hasta me parece que estuvieron bailando juntos en la pista. Pero tal vez sea una extraña figura aleatoria, ya que a esa altura de la noche yo ya me había tomado toda la ginebra y todas las pastillas y me había encontrado con Elisa la amante triangular de Leo que había conocido en Río.
 Me sentía feliz de haber vuelto, y me parecía comprender recién ahora la causa
real de mi regreso a Baires: este era el único lugar del mundo donde estaban
todos mis amigos. Pero me engañaba porque aún ignoraba que uno puede llevar a todos sus amigos consigo a cualquier lugar a donde vaya. Pero esto solo llegaría a saberlo algún tiempo después. Hasta entonces me hubiese resultado imposible pensar que todos mis amigos debían estar ahí solo porque yo había tenido que regresar.
Me fui con Elisa a la pensión donde vivía pero yo me había tomado todo y excepto un desenfrenado delirio cualquier otra cosa resultó imposible.

                                                        


                                                          *

Días después encontré a Juanito paseando por Florida frente al Di Tella. Estaba muy hermoso y nos regocijamos del encuentro. Nos habíamos separado en Rio y cuando llegué a Buenos Aires y lo busqué en su departamento de la calle Moreno, él y todo su mundo de efebos ya no estaban allí.
-        Qué bueno que te encuentro, Omar. ¡Tenía tantas ganas de verte! Tengo que contarte algo maravilloso: ¡La semana próxima me voy a París! ¿No te parece formidable? Ahora te capturo, te quedás conmigo y no te separás de mí hasta el final. Creí que nunca más volvería a encontrarte. Mi libro todavía no se edita. Galerna dá miles de vueltas, pero ya va a salir, no te quepan dudas. Estuve corrigiendo las pruebas y mientras tanto ¿sabés qué hice? Yo había reunido una pequeña colección de obras de pintores argentinos amigos míos. Todos los mas grandes maestros… A cada pintor amigo le pedía un cuadrito y así llegué a tener Soldi,
Gambarte, Grela, Perez Celli, Spilimbergo, Forte y muchos otros más. Bueno, un buen día me impacienté y me dije:¿Qué estoy haciendo aquí, en esta pálida Buenos Aires?... ¡Yo me voy a París! ...Así que programé una vernisage en donde expuse las pinturas y logré venderlas casi todas. Eran obras maestras, imaginate. Pero además, entre todo el paquete, logré pasar un par de prodigiosas falsificaciones de una amiga mía que hace unos Spilimbergos mejor que los auténticos. Esto que no trascienda, es top secret, ya la vas a conocer, te llevaré a su estudio, es la Elmyr de Hory argentina. A todo esto reuní el dinero para el viaje y mucho más. Tengo amigos allá, contactos, direcciones. Hasta hay posibilidades de trabajo. Primero voy a Madrid por unos días para
echar un vistazo por El Prado y después: ¡Oh la la…¡París!... c´est la vie...! ¿Te imaginás a la Pequeña Lulú, la niña pobre en pleno París?
Acompañame, estoy en un hotelito aquí a la vuelta. Te mostraré mi equipaje. Llevo arrros de orrro y perrrlas… y por si fuera poco auténticas Dddiadddemas de Dddiamantes…
Nos alejamos de Florida y doblamos hacia el bajo y mientras tanto Juanito exultante no dejaba de decirme:
-        Te voy a escribir las cartas mas apasionadas. Pero me vas a contestar. ¡Va a ser tan divertido! Y cuando se edite mi libro y yo sea muy rico y famoso vas a venir a visitarme, ¿verdad?, a mi casa… en París…
  


                                              *



miércoles, 19 de marzo de 2014

Para vos,
Omar,
esta poesía de
“Les Élus de la Nuit


LA REINE

Je suis la reine
des essaims et des hommes
des termites et des astres,
des terrains vagues et des constelations.

Je suis née il y a trois millions d´annees
a la source d´un ruisseau d´or
qui coulait dans la Cappadoce.
Moi-méme, je suis en or masif, pur,
et mes gestes resplendissent tels une foret incendiée
ou une coulee de lave incandescente
sous une sombre nuit étoilée.

Je suis si imposante
que personne n´a jamais osé me toucher
ni méme m´approcher,
on dit que souvent, la nuit,
je me suis transmuée en charogne
dans l´espoir qu´au moins les hyénes
me caressent avec leurs langues rugueuses…
ce qui semble assez improbable pour une reine.

Je suis une reine.
Au-delá de la géometrie Je suis.
Je bois des néctars,
mange des friandises diaphanes
et sodomise des anges transparents.

Juan Bautista Piñeiro







DE REGRESO
   
“¡Qué mina bárbara la Negra! Una de las pocas realmente libre que conozco. No tiene ley, no tiene código, va a lo que saca. ¡Es un personaje! Algún día voy a escribir algo sobre la Negra. ¿Te fijaste con qué facilidad que atrae a la gente? Es como si los hipnotizara… y si, es media bruja. Ella sola da para una novela.”

 Sergio Mulet
“Tiro de Gracia”



De regreso en el laberinto infinito de Buenos Aires. Sin habérmelo propuesto estaba otra vez en el mismo lugar, aunque por supuesto algo había cambiado. Me parecía que había tenido que viajar muy lejos para vivir una parte de mi vida que se me había pasado por alto: mi adolescencia. Por unos pocos meses había vivido despreocupado y sin conflictos, a pleno sol y en absoluta libertad, tratando de seguir solo los impulsos de mi propio ser, sin imposiciones familiares ni problemas de dinero. Me había sentido independiente y capaz de arreglarme solo en el mundo. Y eso me había dado una nueva fuerza. Pero el vuelo había sido muy breve y había caído otra vez en esa realidad opresiva que ya conocía tan bien.
Rennée  y Gracielita se entusiasmaron cuando me vieron aparecer por la casa de San Telmo con Marisa y la brasilera Vicky, porque casualmente habían estado pensando en mí a raíz de las complejas operaciones esotéricas que estaban llevando a cabo en esos días; y cuando les mostré los pocos libros que había podido salvar de la desintegración del viaje de vuelta, se mostraron realmente asombradas: ¡Numerología!, ¡Tarot!, ¡Cábala Mística!… porque precisamente era en relación con esos temas que estaban trabajando.
Rennée no pareció muy contenta de volver a encontrar a Marisa. Habían sido amigas en un tiempo, pero parecía que ya no lo eran tanto. Marisa se entrometía en todas las conversaciones dispersando la concentración en el trabajo y la Negra optaba por no tenerla en cuenta para nada.
Yo me interesé muy vivamente en las investigaciones de mis amigas. Me mostraron sus esquemas y sus gráficos que coincidían exactamente con los temas desarrollados en mis libros. Así que inmediatamente nos pusimos a trabajar en una tarea que según Rennée, requería la mayor atención, porque había que hacer uso de todo el poder de la razón sin apartarse para nada de las formas más rígidas del pensamiento lógico. No debíamos confiar en la intuición ni dejar nada librado a la casualidad. Esto era aritmética, álgebra pura. Yo sentí que el piso se removía bajo mis pies. Las matemáticas no eran mi fuerte, pero ¿cómo explicárselo a mis amigas?... cuando yo sabía muy bien que para la Negra hasta la música y la poesía eran expresiones de las matemáticas superiores…
 El caso era que durante el análisis de los  componentes de los caracteres simbólicos de la escritura, es decir las letras del abecedario, habían descubierto que la letra Be larga imprenta mayúscula, segunda letra del abecedario y primer consonante estaba formada por la unión de los números 1 y 3 y que en realidad la B era el número 13 con sus caracteres 1 y 3 fusionados… O sea que el segundo exponente del sistema escrito, el dos lingüístico estaba formado por el 13 del sistema numérico. – Está claro – afirmaba la Negra- el dos contiene la raíz del uno y la posibilidad del tres…
 Así que nos abocamos inmediatamente a desarrollar en  papel milimetrado y sobre los ejes de coordenadas y abscisas el proceso por el que se llevaba a cabo ese fenómeno extraordinario.
Tomamos unas cápsulas de anfetaminas para poder concentrarnos mejor en el trabajo.
 Marisa y Vicky se fueron a dormir a la habitación contigua mientras nosotros nos sumergíamos en nuestros complejos gráficos.
 Mas tarde llegó Miguel y el trabajo se postergó para otro momento porque enseguida se puso a hacer unos temitas con su guitarra. Yo aproveché para cantarle  a capela los nuevos temas que había aprendido en Brasil, las composiciones vanguardistas de Vandré, Chico Buarque y Caetano Veloso. Y a Miguel le encantaron esas canciones. En buenos Aires el movimiento del rock nacional estaba en plena floración, se organizaban festivales y se editaban discos.
 Mas tarde apareció Luis Alberto Seguin, muy contento de volver a encontrarnos. Nos sentamos en un rincón en el suelo en posición de loto mirándonos frente a frente sin hablar, con una sonrisa idéntica. Habían acontecido tantas cosas durante mi ausencia… teníamos nuevos amigos… ya me contaría… pero mas tarde, porque acababan de llegar riendo y alborotando Javier y Melina contando la última aventura callejera: los habían parado los blus cuando venían para acá y los habían revisado minuciosamente aunque sin encontrar la bola de grass que desenrollaban en ese momento y que había pasado desapercibida en un bolsillo oculto de la campera. Melina estaba radiante y Javier de un humor mas corrosivo que nunca. Me miraba incrédulo, me palpaba y me decía:
-         ¿Ya estás acá otra vez, Omar?... ¿argentino yaaaaa?...
Y estuvimos haciendo música hasta la salida del sol, cuando Rosanrol fue a buscar leche y facturas, nos sentamos todos en un gran círculo en medio de la habitación, se abrieron todas las ventanas y las puertas para dejar entrar la luz del nuevo día y la Negra sirvió el desayuno envuelta en una bandera argentina, con el sol dorado refulgiendo sobre su pecho.
Después a lo largo del día nos fuimos quedando solos. Era así desde hacía un tiempo, la casa se llenaba de gente inexplicablemente, todos los amigos parecían coincidir en ese lugar en algún momento y después volvía la calma durante días…
Marisa y Vicky se fueron y quedamos en la casa Rennée, Miguel y yo. Nos refugiamos en la habitación grande cerrando ahora todas las puertas. Encendimos una vela y nos acostamos a leer tendidos sobre un colchón tirado en el suelo. Rennée nos leía “Los Grandes Iniciados”, el voluminoso libro de Shuré. En su velada voz pasaban las historias de Platón, Pitágoras, Buda, Jesús… y durante varios días no salimos de ese lugar apasionados con la maravillosa lectura.
 Mas tarde regresó Gracielita y nos trasladamos a la habitación de arriba. Allí la lectura continuó con “El Libro de los Muertos” en una edición que contenía el texto tibetano y el egipcio. Rennée me preguntó si tenía miedo cuando empezamos a leer acerca de las Divinidades Irritadas. Yo tomé un huevo muy blanco de la frutera junto a la cama  y lo paré en perfecto equilibrio sobre la palma de mi mano para demostrarle que mi pulso estaba bien firme y que no tenía nada de miedo. Renée me miró fastidiada y de un manotazo aplastó el huevo que chorreó entre nuestros dedos. Reímos juntos, pero enseguida ella  me advirtió:
-         No te distraigas, Omar, -me dijo muy seriamente- porque sino cuando mueras no vas a poder alcanzar la liberación del Samsara.
Y así continuó la lectura. Leíamos en voz alta y nos turnábamos para leer. En un par de noches leíamos libros enteros…
Amanecía cuando una de las velas con que nos alumbrábamos se consumió y pego fuego al colchón sobre el que estábamos tendidos leyendo. Como hipnotizados, veíamos que el fuego avanzaba y no hacíamos nada, seguíamos prestando atención a la lectura, pero en un momento nos alarmamos e intentamos apagarlo, entonces la Negra nos detuvo… ¿cómo íbamos a sofocar ese espléndido fuego que acababa de brotar entre nosotros?... El fuego, Agni, era una divinidad de la naturaleza muy poderosa… ¿quién se creía capaz de poder extinguirlo?... Nos veíamos iluminados por las cambiantes llamas flamígeras y estábamos fascinados mientras el fuego seguía creciendo y propagándose rápidamente a través del colchón. Enseguida la habitación se llenó de un humo espeso y sofocante. Y entonces, recién entonces Rennée rompió el encantamiento ígneo al que nos sometíamos como encandilados, se levantó de un salto y apartándonos abrió la ventana, agarró el colchón de una punta y lo sacó a la terraza donde se terminó de quemar desprendiendo densas volutas de humo gris sobre el  rosáceo amanecer.
Esa tarde salimos a pasear. Caminamos hasta el centro por la avenida Belgrano mientras Gracielita nos contaba que estaba ensayando un trabajo con su grupo para poner en el Di Tella. Se llamaba “Las Orestiadas”  y había muchas escenas de pura agresión donde los actores se daban con todo. Cada uno tenía un número, y cuando aparecía un número en la pantalla todos tenían que atacar al que tenía ese número. Todos contra ese… Todos con todo contra ese, durante varios segundos hasta que cambiaba una señal y todos volvían a inmovilizarse frente a frente esperando la aparición del número siguiente en la pantalla… Y en los ensayos había que darse en serio, aunque desarrollando ciertas técnicas actorales para no hacerse mal.
Mientras hablábamos llegamos al centro y anduvimos dando vuelta por los boliches del ghetto, hasta que en algún lugar Renée nos pidió que la esperásemos y entró en un edificio de departamentos del que salió enseguida diciendo que había pasado a saludar a una amiga. Seguimos caminando y ella se puso junto a mí.
-         Me dieron un regalito, Omar, mirá. –me dijo alegremente y me mostró un sobrecito. Escrito en letra de imprenta con un marcador verde decía: “Para Renée y Omar”, y mas abajo había pintado un corazoncito rojo.
-         ¿Qué es? –le pregunté.
-         L.S.D. –dijo ella-  recién llegado de California. Vamos a casa a tomarlo.
Así que lentamente volvimos caminando hasta San Telmo. Ahí nos estaba esperando Luis Alberto. Mientras tanto yo había tenido tiempo de pensarlo durante el camino y estaba paranoico, me perseguía una idea estúpida: ¿quién había escrito mi nombre en el sobrecito? Su amiga no me conocía, ¿cómo sabía mi nombre?, y por la letra parecía escrito por Renée… Estaba embotado y no podía pensar otra cosa. Abiertamente me perseguía y tenía miedo. Hasta entonces nunca había tomado lisérgico y tenía temor a tener un mal viaje, lo que era bastante frecuente según los relatos de algunos experimentados. Cuando entramos a la casa le dije a Renée que no tomaría el ácido. Ella me miró como desencantada sin poder evitar sus mohines despectivos, pero abrió el sobrecito y sacó una pastilla, la partió y le dio la mitad a Luis Alberto.
Pusieron música, encendieron velas y sahumerios y se pusieron a mirar juntos las maravillosas ilustraciones del libro de Carl Jung “El Hombre y sus Símbolos”. Al rato noté que estaban muy animados. Hablaban y se reían, cuchicheaban y se admiraban. Yo los observaba. Luis Alberto parecía ascender a un estado de conciencia cada vez más elevado. Las ilustraciones que veía le parecían extraordinarias, increíbles, fabulosas. Realmente ahí estaba todo el pensamiento humano expresado de la manera más bella y armoniosa y viendo los mandalas y los signos arquetípicos de la mente alcanzó en su viaje un estado tan próximo al Nirvana que se desmayó. No nos atrevimos a tocarlo. Sonreía y respiraba placidamente y despertó un rato después sin intentar explicar qué le había pasado. Se sentía bien y el viaje continuaba.
Yo me había puesto a observar a Renée y habíamos caído en el juego de “mirarse”. Ella me mirada asombrada y después se reía divertida. Pensé que me estaría viendo de las formas mas extrañas. Me concentré yo también en la mirada  y vi que la Negra se transfiguraba. Le brotaron del rostro líneas brillantes como pelos luminosos y la veía aureolada como los santos. Me preguntó qué veía. Le dije que la veía con largos pelos y barba como si fuese un profeta. Si, le dije que en realidad estaba viendo al mismísimo Moisés. Ella entonces se rió un tanto molesta y me dijo:
-         Vos sos Moisés, Omar. Yo no tengo nada que ver con tus visiones.
Entonces comprendí sobresaltado que estaba viendo mis propias proyecciones. ¡Y nada menos que Moisés, el colérico patriarca del pueblo de Israel! Mi proyección no era nada estimulante. Ahí estaba en lo profundo de mi conciencia otro símbolo de mi deformada educación judeo-cristiana. Entonces su rostro cambió bruscamente. Era un hombre feo al que veía ahora, un hombre muy feo cuyos rasgos brutales parecían haber sido modelados toscamente con sus propias manos… Pelos desgreñados, barba hirsuta, marcas, cicatrices… Y comprendí que ella era Sócrates “El Escultor de Hombres” cuya biografía ilustrada yo había leído de chico en una colección de Vidas Ilustres de una revista mejicana. Entonces Renée me preguntó qué estaba viendo ahora y cuando le dije un tanto avergonzado:
-         Veo al feo de Sócrates.
Se rió francamente y dijo:
-         Bueno, eso está un poco mejor.
Entonces yo le pregunté a mí vez:
-         ¿Y vos qué ves?
Ella dudó un momento antes de contestar y finalmente dijo:
-         Veo veo… algo muy extraño… No sé como explicarte… Veo la Impermanencia… Te veo aparecer… y desaparecer. De pronto estás ahí… y de repente ya no estás.
Me pareció bastante desconcertante su visión y preferí no indagar si se trataba de un fenómeno de proyección o de una visión objetiva. Empezaba a sentirme perseguido otra vez.
La psiquis del paranoico funciona así: ante el universo que lo ignora él todo lo relaciona consigo mismo. Para el paranoico todo lo que pasa y todo lo que se dice se refiere a él. No hay nada que no tenga relación con él. Como bien dice el refrán: “Si va a un casamiento cree ser la novia y en un velorio le parece ser el muerto.”
Entonces Miguel se puso a hacer un nuevo tema con la viola:

Apurate Josefina
que la misa se termina
tomá mate y empolvate
que sino dios te castiga.
En la iglesia Josefina
a todo el mundo examina
se olvida de sus pecados
por mirar a las vecinas.
Apurate Josefina
que la misa se termina
Josefina apurate
tomá mate y empolvate

Me pareció que sin duda alguna se estaba refiriendo a mí. Si, eso que estaba cantando lo cantaba por mí y para mí. Seguro, no tenía ninguna duda. Yo también sospechaba que el tema de la vaca “¿Nunca te miró una vaca de frente?” … lo había compuesto para burlarse de mi mirada obsesiva durante mis frecuentes ataques catatónicos. Así que pensé que otra vez se la estaban tomando conmigo. Me levanté y le dije a Renée:
-         Chau, me voy. –y empecé a salir de la habitación.
-         Viste… -dijo ella- …viste que siempre te vas… Algunos no encuentran mejor recurso que irse para hacerse notar.
Y todavía después, mientras viajaba en el ómnibus hacia mi casa continuaba oyendo su voz:
- “Te vas… vos siempre te vas…”

  
                                                    *



                                                  ...

martes, 18 de marzo de 2014

martes, 24 de septiembre de 2013

"GENERACIÓN DESCARTABLE" - ÍNDICE GENERAL

"GENERACIÓN DESCARTABLE"

ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN A VERANO
EL COMIENZO
EL COCO
MIGUEL
EN LAS LILAS
ROMILIO
CYLBIA 
VOLÚBILIS VARIADA
PRIMAVERA
AMOR DE PRIMAVERA
REVOLUCIÓN NARANJA
¡HELP!
BRUJOS DE VERANO
LA PORDIOSERIE
MELINA
CAPILLA DEL MONTE
POEMAS DE PIPO REMOLINO
LA NEGRA RENÉE
TANGO
MONTE GRANDE
EL POZO
FIESTA EN EL PALACIO VERDE
EFECTOS
LUZ SPEED
BRASIL
LA CASA DE TIJUCA
LOS ÁNGELES DE LA CALLE
DEUS MITOLÓGICO 

..



"Al convertirse en escritura la realidad se hace mentira."


Mario Vargas Llosa